Nunca terminé la novela de Nick Hornby del mismo nombre. No conozco a fondo la historia del futbol inglés y mucho menos la del Arsenal (que por alguna razón me simpatizan). En la novela, el autor hace una especie de relato autobiográfico, con la vida de su personaje principal narrada a través de las estadísticas, triunfos y derrotas del equipo clasemediero de Londres. Termina siendo más estadística y menos novela. Claro, tenía que ser Nick Hornby.
Por supuesto que tampoco he visto su adaptación al cine, en donde el Arsenal es reemplazado por los Medias Rojas de Boston. (Por asuntos mercadológicos, claro. Nadie da un carajo por el soccer en el gabacho.)
Pero este post no se trata de Nick Hornby, más bien tomé prestado el título de la novela que nunca terminé para intentar descifrar mi repentino amor al fubol. (Sí, el locutor villamelón. Arribista. Sí, ese opinionado que cree que sabe de todo.) Pues así es, queridos lectores. He retomado poco a poco una afición a uno de los cánceres sociales más importantes de México. Los últimos dos partidos de los Pumas en CU, los viví desde la tribuna. También los pasados de la Selección Nacional. (Claro, tenía que ser neopuma.)
No sé a qué se deba mi descuido por el futbol. Cuando era niño lloraba viendo la televisión, vi tantas veces perder a mis adorados felinos en las épocas de Patiño y Schuster que terminé por ocupar mi fanatismo en otras cosas. Y comencé a escuchar música. Luego vinieron las épocas de “moda”, Molotov cantando canciones, Vergara, los campeonatos, Marioni. La verdad es que me importaba poco. Veo los logos de los Pumas en sus distintas y horribles versiones (Manejamos lo que es el “Che Guevera”, el “Darth Veider”, el “HomeroSimpson”) y me da pa’ abajo. Peor aun, basta con abrir un poco los ojos para darse cuenta de la relevancia casi dictatorial que tiene el futbol en un país como éste y lo detesto aun más. El dios. Ese que todo lo puede hacer. El que más refrescos, tarjetas de crédito, ropa deportiva, televisores, comida chatarra y un sinfin de etcéteras vende. Por eso México ama al futbol.
Y después del bicampeonato, mi equipo está en una de sus peores temporadas. Hoy en día no venden pero ni tres chicles en los altos mientras hacen dominadas. Justo ahora, es buen momento de regresar al estadio. De ser un verdadero fan. De llorar y cantar los goles como nadie. De volver a aprenderse la alineación con todo y cambios. Porque nada cambia el sentimiento de que tu equipo meta un gol en su peor momento. Creo que en eso termina Fever Pitch, pero la verdad es que ya ni me interesa, nunca le fui al Arsenal… y mucho menos a las Medias Rojas de Boston.
Ahora que estamos en la semana del Fair Play, y que el tema se puso en la mesa en BDSF, aquí un video que probablemente muchos hayan visto ya. Para los que no, valen la pena los minutos invertidos aquí, y para los que sí, una refrescadita de memoria no le hace mal a nadie.
¿Dejar de comprar? ¿Dejar de desperdiciar? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos para el bien común?
Tiene más de 5 años, que en una dinámica de autoconocimiento musical (que por cierto extraño infinitamente) mi amigo Uriel Waizel me introdujo al mundo de las estrategias oblicuas. ¿Qué pachecada? Una serie de consejos al azar que Brian Eno escribió para facilitar cualquier trabajo creativo. Se trata de un set de cartas, en las que debes escoger una al azar y obedecerla en torno a lo que estés haciendo. Funciona generalmente para el trabajo de los músicos en el estudio, pero frases como “Convierte un elemento melódico en uno rítmico” o “La repetición es una forma de cambio” encuentran su cauce en casi cualquier momento en donde la inspiración de plano, no llega.
Hoy, mientras revisaba el tráfico a este blog, apareció por coincidencia o simplemente al azar la de “El principio de la inconsistencia“. Por un momento medité en cambiar el nombre de este blog. Después entré en una autoevaluación que duró 5 minutos, para después animarme a platicarles sobre esto y meterle un poco de consistencia a este espacio.
Simplemente una recomendación, con una dosis -moderada- de fe en los gurús y las personas sabias.
A los viejitos hay que hacerles caso de vez en cuando.
Probablemente el combo de lecturas obligadas que más gustan en las secundarias alrededor del mundo es Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo, del inglés Lewis Carroll. Una mezcla de matemáticas, surrealismo, metáforas y alegorías con un poco de pederastia. (Carroll le escribió los cuentos a la niña Alicie Liddell, dicen los que saben que Charles Dodgson fantaseaba de modos no apropiados con su musa.)
Las notables referencias a sustancias alucinógenas y otras inquietudes adolescentes, convirtieron rápidamente a la película de Walt Disney en una pieza de culto para millones alrededor del mundo. Un centenar de rumores alrededor de la película la vuelven objeto de deseo y una gran adición a cualquier colección stoner.
El genial Tim Burton trabaja actualmente en una reversión de Alicia, junto con los sospechosos comunes de toda su obra. Difícil la tarea de recrear, en parte al estilo Disney (que produce el film) y sin perder su característico estilo estético. No es la primera vez que Burton hace una película para adultos basada en un cuento para ‘niños’, pero ésta probablemente será la más vistosa de todoas. Si nada sale mal, la película saldrá el 5 de marzo del 2010.
Y otro que está trabajando desde hace algunos años en una reinterpretación de la obra de Carroll es Brian Warner alias Marilyn Manson. Al parecer, después de pláticas con Alexandro Jodorowsky y un intensivo (y obsesivo) estudio del cine de Federico Fellini y los diarios del escritor-matemático, Marilyn Manson está listo para entrar a las ligas mayores del cine con las historias de otro tipo de Alicia, el sombrerero loco y Tweedly Dee con Tweedly Dum (estos últimos, serán retratados como una pareja de homosexuales deformes). Phantasmagoria: The Visions of Lewis Carroll, será una mezcla entre terror y ciencia ficción al grotesco estilo de Manson. Sale también en 2010.
Es fácil decirlo, pero en realidad es una obligación difícil de cumplir. ¿Cómo dejar de hacerte pendejo con los kilos de más que te ves en el espejo, (aun cuando sumes la panza)? Con la colilla que tiraste en la calle en medio de una plática. Cuando te metes a la cama y sabes que no hiciste lo suficiente para que las cosas cambien de una vez por todas (y para bien). Dejar de hacerte pendejo… con la chica que te gusta y a la que le gustas, con los pagos al banco, a la hora de escribir un post en lugar de trabajar.
Nada fácil la tarea a la que nos invitan estos sujetos, que se tomaron tan a pecho el mandatorio que dedican parte de sus ocupadas vidas a intentar despertar algunas conciencias afuera, con respecto a la realidad actual del país. Vamos en un tren sin frenos con rumbo a un gran monolito de mierda, sin escalas. ¿A alguien le queda duda? ¿Alguien le cree a López Dóriga o a Calderón? Dejemos de hacernos pendejos, las cosas no están bien.
Dejemos de Hacernos Pendejos (DHP* en su versión políticamente correcta) es una iniciativa ciudadana que a partir de ‘operaciones’ que denuncian lo que está mal en nuestro México lindo. Su primer acto fue denunciar a los diputados se ‘devolvieron’ más de $500 millones de impuestos de sus aguinaldos. ¿Saben en qué acabó? En que no podían tomar en serio una petición de una organización con un nombre así. La nota entera pueden leerla aquí.
¿Hacen falta más organizaciones así? ¿O simplemente es un intento más, un sueño guajiro por cambiar un país que simplemente ya no tiene remedio?