Nieve

January 9, 2010

Dice mi papá que la última vez que nevó en la ciudad fue en 1967. No quiero imaginar el caos. Por supuesto, no somos la cochina cantidad de personas que ahora (sobre)vivimos el DF, pero de todos modos somos un país “tropical” ¿qué no?

Tomada sin permiso del Flickr de casadequeso. Ojalá no se enoje.

Tomada sin permiso del Flickr de casadequeso. Ojalá no se enoje

Y todos los inviernos es exactamente lo mismo. “Va a nevar en el DF.” El rumor del Servicio Meteorológico Nacional de que -ahora sí- caerá nieve. Y todos, como niños de 6 años, esperando a que el cielo, las banquetas y el Ángel de la Independencia se pongan blancos.

Marcelo Ebrard no puede hacer que caiga nieve sobre su Rockefeller Center regióncuatro, pero tenemos siempre el Ajusco, o ya de perdis, la autopista a Cuernavaca. (Por cierto, el único lugar donde su servidor ha visto la nieve en vivo y a todo color, ahí a la altura de la estatua de Morelos… de rancho.)

Tomada sin permiso alguno del flickr de Acuarela_08

Tomada sin permiso del Flickr de Acuarela_08. Ojalá no se enoje

Pero: ¿Y si ahora sí cae un chingo de nieve?

¿Tendríamos que ir a trabajar? ¿Cómo le haríamos, con los caminos congelados?

¿Hay refugios adecuados para los que padecen de indigencia?

Después de hacer angelitos, monos y guerras de nieve, de agarrar una pulmonía marca llorarás, ¿qué?

¿Nos dejaríamos de quejar todo el tiempo  del frío sólo por la felicidad?

A 9 grados centígrados yo siento que se me caen los pies y no me dan ganas de hacer absolutamente nada. Ya me enfermé gacho y extraño el sol. Aunque cuando llegue la odiosa temporada  de calor quiera que regrese el friíto. Así somos todos, nada nos da gusto.

Nota al pie: El carácter hostil de esta reflexión tal vez se deba a uno de mis corajes infantiles más grandes. Los Vaqueros de Dallas contra Delfines de Miami en 1993. Juego de Acción de Gracias. Leon Lett.

No puedo ocultar mi nerviosismo esta postemporada. Y sí, ya sé que los Vaqueros son como el América. Ni pedo.

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Mi carnal Marcelo…

September 5, 2008

El día de hoy tuve frente a mí a este sujeto.
Es un tipo alto, torpe en sus movimientos y sobra decirlo, poderoso en el lugar en donde se pare.

Me saludó de mano, sonrió y permitió que le hiciera un par de preguntas al aire para Ibero 90.9 con respecto al lanzamiento de CódigoDF, la estación de radio por internet del Gobierno del Distrito Federal. Había fotógrafos que parecían escoltas de seguridad, escoltas de seguridad que parecían fotógrafos y la oleada usual de lambiscones que pululan en estos eventos.

Siempre carismático, respondió políticamente a las preguntas que se le hicieron. Sus palabras fueron promesas que tal vez serán cumplidas, proselitismo habitual perfectamente estudiado. Hablamos de los medios y la juventud, prometió una televisión pública con participación mayoritariamente joven.

Pero eso no era lo que le quería preguntar.

Cuando me dijeron que podía hacerle una pregunta a mi jefe de gobierno, un número infinito de ideas llegaron a mi cabeza. “¿Qué pedo con tu esposa… hablan de telenovelas?” “¿Cómo le vas a hacer para acabar con este lío de ciudad?” “Y el Peje… ¿de verdad habla así?” “¿Qué opinas de Hugo Chavez, Evo Morales y la coalición de poderes con tendencia socialista en América Latina?” “¿En verdad te caga tanto Calderón?” “¿Cómo lidias con el estrés?” “¿Legalizarías la mariguana si fueras presidente?”

Al final de la intervención en radio, mi carnal Marcelo me hizo el saludo de chavo banda. Ya saben… ese saludo en el que ambos deslizan la mano hasta convertirla en puño y lo chocan. Ese saludo se sintió tan estudiado que no pude más que darle una palmada en la espalda y decirle: “Pues un gusto, Marcelo.”

Se dio la media vuelta y siguió con su visita de rutina, continuó con sus saludos a las cámaras de los escoltas que parecían fotógrafos y estrechó la mano a cualquier persona que se encontraba a su alrededor.