Conversaciones de Taxi

January 20, 2010

Llevé a verificar mi coche, como buen mexicano, el 30 de diciembre. “La unidad”, no dio el ancho en el primer intento. “Alto en hidrocarburos, joven, llévelo a un taller mecánico a que le arreglen eso y vuelve sin costo alguno.” Chale, pues a darle servicio a mi medio de transporte. Cruzo Insurgentes por Eje 5, y de pronto se ve un taller grande, decentón. Venga, si está tan grande debe funcionar. Para no hacer el cuento largo, mi coche no sólo no pasó la dura prueba del engomado CERO después de 920 varos de afinación y 400 de cambio de aceite, sino que estaba “fuera de especificaciones mecánicas”.

Volví a Servicios Nápoles a reclamar y me dijeron que por 600 pesitos únicamente ellos me lo verificaban. Y me aseguraban que pasaba. Por supuesto que les escupí en la cara (al menos esa fue la imagen en mi mente) y me largué. Ahora debo pagar miles de pesos en multas y demás, y lo peor… no puedo circular.

Viva México, y toda su corrupción (e impuntualidad).

En lo que va del año he tenido que moverme en taxi.

A continuación dos momentos para la posteridad… de la cuesta de enero.

1.

Sitio de taxis, Hipódromo de las Américas.

Una pardilla de taxistas leen periódicos sensacionalistas. Uno muy gordo, camisa blanca y botones mal cosidos que dejan ver su horrenda panza me grita a lo lejos.

– ¿Quiere taxi, joven?

Mi próximo chofer agrega.

– Ni tire su cigarro, así puedo fumar yo mientras manejo.

El gordo, cabulea la amabilidad de su colega operador.

– Ooooo, todavía ni se sube  y ya te lo andas ligando.

Me subo al taxi, pasamos por el aquelarre de conductores, el Jabba the Hutt grita a lo lejos:

– ¡No te cojas al pasaje!

Desde la ventana…

– ¡No te comas al pasaje!

Llegué sin problema alguno y hasta me facilitó lectura para el camino. El periódico en donde aparecía un descabezado en la tumba de Beltrán Leyva.

2.

– ¿Estudia en la ibero, Señor?

(Nunca me llaman “señor”, mi vida está en declive)

– No, aquí chambeo.

– Ah, seguro se enteró…

– ¿De qué?

– Del chavo de ahí que atropelló mató a otro por acá abajo.

– ¿QUÉ?

– Sí, lo atropelló. Yo lo vi. Le pegó por atrás, no sabe señor… voló.

– ¿Y se murió?

– Sí. Luego, luego.

– Pero para mí fue culpa del ciclista.

– Ah, iba en una bici.

– Sí, se bajó de la banqueta. Ya sabe que siempre nos echan la culpa a nosotros.

(Suena su teléfono celular, me ignora por completo y habla muy bajito)

– (Diálogo inaudible) … ¿Tons? ¿No hay hoteles por tu casa?

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Nieve

January 9, 2010

Dice mi papá que la última vez que nevó en la ciudad fue en 1967. No quiero imaginar el caos. Por supuesto, no somos la cochina cantidad de personas que ahora (sobre)vivimos el DF, pero de todos modos somos un país “tropical” ¿qué no?

Tomada sin permiso del Flickr de casadequeso. Ojalá no se enoje.

Tomada sin permiso del Flickr de casadequeso. Ojalá no se enoje

Y todos los inviernos es exactamente lo mismo. “Va a nevar en el DF.” El rumor del Servicio Meteorológico Nacional de que -ahora sí- caerá nieve. Y todos, como niños de 6 años, esperando a que el cielo, las banquetas y el Ángel de la Independencia se pongan blancos.

Marcelo Ebrard no puede hacer que caiga nieve sobre su Rockefeller Center regióncuatro, pero tenemos siempre el Ajusco, o ya de perdis, la autopista a Cuernavaca. (Por cierto, el único lugar donde su servidor ha visto la nieve en vivo y a todo color, ahí a la altura de la estatua de Morelos… de rancho.)

Tomada sin permiso alguno del flickr de Acuarela_08

Tomada sin permiso del Flickr de Acuarela_08. Ojalá no se enoje

Pero: ¿Y si ahora sí cae un chingo de nieve?

¿Tendríamos que ir a trabajar? ¿Cómo le haríamos, con los caminos congelados?

¿Hay refugios adecuados para los que padecen de indigencia?

Después de hacer angelitos, monos y guerras de nieve, de agarrar una pulmonía marca llorarás, ¿qué?

¿Nos dejaríamos de quejar todo el tiempo  del frío sólo por la felicidad?

A 9 grados centígrados yo siento que se me caen los pies y no me dan ganas de hacer absolutamente nada. Ya me enfermé gacho y extraño el sol. Aunque cuando llegue la odiosa temporada  de calor quiera que regrese el friíto. Así somos todos, nada nos da gusto.

Nota al pie: El carácter hostil de esta reflexión tal vez se deba a uno de mis corajes infantiles más grandes. Los Vaqueros de Dallas contra Delfines de Miami en 1993. Juego de Acción de Gracias. Leon Lett.

No puedo ocultar mi nerviosismo esta postemporada. Y sí, ya sé que los Vaqueros son como el América. Ni pedo.